The Japan Times - Trump recula en Groenlandia

EUR -
AED 4.315389
AFN 75.20314
ALL 95.620417
AMD 434.770723
ANG 2.103214
AOA 1078.701182
ARS 1630.662976
AUD 1.621952
AWG 2.116569
AZN 1.980104
BAM 1.949993
BBD 2.374907
BDT 144.489124
BGN 1.960113
BHD 0.445595
BIF 3512.750059
BMD 1.175056
BND 1.492819
BOB 8.12178
BRL 5.786096
BSD 1.179152
BTN 111.210363
BWP 15.778369
BYN 3.319302
BYR 23031.095705
BZD 2.371506
CAD 1.60267
CDF 2721.429668
CHF 0.915304
CLF 0.026772
CLP 1053.66111
CNY 8.003599
CNH 7.996849
COP 4379.210091
CRC 538.014879
CUC 1.175056
CUP 31.138981
CVE 110.396794
CZK 24.325773
DJF 209.974835
DKK 7.472633
DOP 70.255001
DZD 155.328254
EGP 61.938769
ERN 17.625839
ETB 184.115797
FJD 2.566263
FKP 0.865572
GBP 0.864312
GEL 3.149673
GGP 0.865572
GHS 13.219015
GIP 0.865572
GMD 86.365776
GNF 10349.209811
GTQ 8.972244
GYD 245.866808
HKD 9.203767
HNL 31.347827
HRK 7.532929
HTG 154.322952
HUF 358.205803
IDR 20394.270258
ILS 3.418414
IMP 0.865572
INR 111.455108
IQD 1539.323233
IRR 1542848.400886
ISK 143.803446
JEP 0.865572
JMD 185.789671
JOD 0.83313
JPY 183.754035
KES 151.819926
KGS 102.723973
KHR 4726.009119
KMF 492.348489
KPW 1057.55442
KRW 1706.0761
KWD 0.361798
KYD 0.979479
KZT 544.286899
LAK 25815.978342
LBP 105200.39284
LKR 376.277914
LRD 215.710852
LSL 19.429521
LTL 3.469635
LVL 0.71078
LYD 7.463594
MAD 10.80875
MDL 20.204748
MGA 4913.049057
MKD 61.645047
MMK 2467.087736
MNT 4206.288306
MOP 9.486411
MRU 47.062049
MUR 54.898372
MVR 18.160455
MWK 2044.63658
MXN 20.268715
MYR 4.593301
MZN 75.097425
NAD 19.429617
NGN 1598.698819
NIO 43.389265
NOK 10.932185
NPR 178.505875
NZD 1.97232
OMR 0.45181
PAB 1.175395
PEN 4.068628
PGK 5.127117
PHP 71.18602
PKR 328.556533
PLN 4.23271
PYG 7216.540909
QAR 4.281931
RON 5.266244
RSD 117.379835
RUB 87.829436
RWF 1724.268174
SAR 4.416122
SBD 9.423281
SCR 16.81301
SDG 705.621732
SEK 10.858577
SGD 1.489677
SHP 0.877298
SLE 28.965269
SLL 24640.33026
SOS 673.843882
SRD 43.959988
STD 24321.284771
STN 24.505337
SVC 10.284331
SYP 130.670561
SZL 19.216003
THB 37.977673
TJS 10.984045
TMT 4.118571
TND 3.375344
TOP 2.829253
TRY 53.164129
TTD 7.965247
TWD 36.854802
TZS 3056.241658
UAH 51.698339
UGX 4419.819797
USD 1.175056
UYU 47.22936
UZS 14188.799821
VES 579.885899
VND 30918.070929
VUV 138.950861
WST 3.19919
XAF 656.097093
XAG 0.015053
XAU 0.00025
XCD 3.175648
XCG 2.118383
XDR 0.815974
XOF 656.097093
XPF 119.331742
YER 280.397755
ZAR 19.268038
ZMK 10576.910698
ZMW 22.315765
ZWL 378.367521

Trump recula en Groenlandia




La nueva ofensiva de Washington sobre Groenlandia comenzó poco después de la reelección de Donald Trump en 2024. El mandatario recuperó una idea que había flotado en su primer mandato: que Estados Unidos debía adquirir la isla más grande del mundo, territorio autónomo de Dinamarca, porque supuestamente era vital para la seguridad nacional y para contener la influencia de Rusia y China en el Ártico. A partir de ese momento el tema pasó de ocurrencia a prioridad presidencial y en enero de 2026 el mundo contempló el súbito recrudecimiento de esa tensión.

Una escalada provocada desde Washington
En las primeras semanas de 2026, Trump endureció el tono frente a Dinamarca y a sus aliados europeos. No solo insinuó la posibilidad de adquirir Groenlandia “por las buenas o por las malas”; también amenazó con aranceles del 10 % a productos de ocho países europeos a partir de febrero y con elevarlos al 25 % en junio si no se negociaba la venta. La presión incluyó advertencias veladas sobre un posible uso de la fuerza y un llamado a que los europeos asumieran que solo Estados Unidos podía proteger la isla.

Sus mensajes se justificaban en la narrativa de que Dinamarca es incapaz de defender su territorio frente a potencias rivales y de que un acuerdo sería beneficioso para todos. Sin embargo, la respuesta en Europa fue de rechazo rotundo. El gobierno danés repitió que Groenlandia no está en venta; dirigentes del Parlamento europeo acusaron a Washington de chantaje y suspendieron la ratificación de un tratado comercial con EE. UU.; y los primeros ministros de los países afectados declararon que no permitirán la ruptura del derecho internacional.

Las declaraciones de Trump también encontraron oposición en casa. Legisladores estadounidenses y expertos en derecho señalaron que una anexión por la fuerza violaría la Constitución y el derecho internacional. Incluso miembros de su propio partido recordaron que Estados Unidos mantiene desde 1951 un acuerdo de defensa con Dinamarca que les concede amplios derechos de uso de bases y radares en Groenlandia, por lo que comprar el territorio no aportaría ventajas estratégicas adicionales.

El impacto en los mercados y la presión de la OTAN
La escalada tuvo un efecto inmediato en los mercados. La simple amenaza de aranceles contra aliados provocó caídas en las bolsas europeas y volatilidad en Wall Street. Los inversores temían que un nuevo frente de guerra comercial se sumara a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Asia. Analistas financieros señalaron que el riesgo no era tanto Groenlandia en sí, sino la incertidumbre que generaba un presidente dispuesto a sacrificar el orden comercial transatlántico para lograr su objetivo. La VIX, indicador del nerviosismo de los inversores, alcanzó su nivel más alto desde noviembre de 2025.

A este panorama se añadió la dimensión militar. La idea de apoderarse de un territorio de Dinamarca planteaba un dilema casi inédito para la OTAN: si un miembro ataca a otro, ¿se aplicaría el artículo 5 del tratado, que obliga a la defensa colectiva? Expertos en seguridad señalaron que una acción así habría resquebrajado el principio fundamental de la alianza y debilitado la capacidad de Estados Unidos de proyectar su poder en Europa, Asia y Oriente Medio. La sola posibilidad de tener que elegir entre Groenlandia y la OTAN generó inquietud en el Pentágono y entre los aliados.

El giro en Davos: de la amenaza al acuerdo
Frente al creciente malestar internacional y la presión interna, el presidente Trump aprovechó el escenario del Foro Económico Mundial en Davos para recalibrar su estrategia. En un discurso de más de una hora, en el que se mezclaron elogios a la era colonial europea y arrebatos contra sus socios comerciales, anunció que no usaría la fuerza para tomar Groenlandia. Horas después, tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, informó en su red social que habían acordado un “marco de acuerdo” sobre el Ártico y que, en consecuencia, cancelaba los aranceles programados para febrero.

Este gesto fue recibido como un respiro. Las bolsas repuntaron con fuerza y los analistas interpretaron el mensaje como una señal de coordinación, no de confrontación. Trump aseguró que el marco negociado incluye la instalación del sistema de defensa antimisiles conocido como Cúpula Dorada en territorio groenlandés y la obtención de derechos mineros para Estados Unidos, aunque no aclaró si implicaría la cesión de soberanía. El gobierno danés remarcó que la isla seguiría siendo parte de su reino y que cualquier acuerdo debía contar con el consentimiento de Groenlandia, cuyas autoridades reiteraron que no aceptarían un trato sin su participación.

El riesgo oculto que obligó a recular
Más allá de las tensiones diplomáticas, hubo un riesgo que forzó el viraje de la Casa Blanca: la amenaza de fracturar la arquitectura de seguridad occidental. Analistas del ámbito militar y diplomático advirtieron que insistir en una anexión llevaría a otros miembros de la OTAN a cuestionar su compromiso con Estados Unidos. La alianza transatlántica garantiza el acceso a bases, espacios aéreos y cooperación en inteligencia que permiten a Washington desplegar tropas y proyectar su fuerza en todo el mundo. Sin ese apoyo, EE. UU. perdería capacidad para responder en África, Oriente Medio o el Indo‑Pacífico y se vería reducido a un actor regional.

Al mismo tiempo, la posibilidad de un conflicto entre aliados podría haber servido a los intereses de Rusia y China, que buscan ampliar su influencia en el Ártico. Moscú ha reforzado su presencia militar en el norte y Beijing ha mostrado interés en invertir en infraestructuras groenlandesas. La fractura de la OTAN facilitaría que esas potencias llenaran el vacío. También habría abierto la puerta a represalias económicas: la Unión Europea consideraba activar un instrumento contra la coerción comercial de EE. UU., un mecanismo que podría haber afectado a exportadores estadounidenses en sectores clave.

En el plano interno, la amenaza de una guerra comercial con Europa y el descontento de los mercados pusieron en peligro la recuperación económica. Muchos estadounidenses no entendían por qué arriesgar inversiones y empleos por una isla remota. Además, la Corte Suprema se preparaba para pronunciarse sobre los poderes de emergencia que Trump invocaba para imponer aranceles, y el Congreso había legislado para limitar al presidente en la retirada de tropas de Europa. El cálculo político indicaba que seguir escalando podía convertir una extravagancia en un fracaso costoso.

Hacia un compromiso incierto
El paso atrás no significó el abandono de las ambiciones estadounidenses en el Ártico. Trump sigue defendiendo que solo con la propiedad de la isla EE. UU. podrá garantizar su defensa y explotar sus recursos; insiste en que Dinamarca no puede proteger un territorio tan vasto y que la inversión estadounidense enriquecería a los groenlandeses. Pero al plegarse a un acuerdo que aborda únicamente la seguridad regional y el despliegue del escudo antimisiles, el presidente reconoció que el precio político y económico de forzar la anexión era demasiado alto.

Para Dinamarca y Groenlandia, el nuevo marco ofrece tiempo y margen para consolidar su posición. Los europeos han dejado claro que están dispuestos a fortalecer la defensa del Ártico y a permitir mayor presencia militar estadounidense, pero no cederán soberanía. Paralelamente, intensifican sus propias maniobras militares en la zona y estudian modelos de respuesta a una hipotética invasión. El Parlamento Europeo, por su parte, condiciona la reanudación del acuerdo comercial con EE. UU. a una actitud más cooperativa por parte de Washington.

La crisis ha servido de recordatorio de la importancia geopolítica del Ártico y de cómo el cambio climático, al abrir rutas marítimas y yacimientos mineros, intensifica la competencia. También ha puesto de manifiesto los límites del poder estadounidense cuando sus decisiones amenazan la cohesión de sus alianzas. Trump reculó con Groenlandia porque el riesgo de dinamitar la OTAN, encender una guerra comercial y desestabilizar los mercados pesaba más que cualquier beneficio inmediato. El episodio subraya que, en un mundo interdependiente, incluso las superpotencias deben sopesar el costo de sus ambiciones.