The Japan Times - La difícil lucha por la justicia en la guerra antidroga de Filipinas

EUR -
AED 4.095102
AFN 72.480008
ALL 90.801688
AMD 402.807486
ANG 1.995737
AOA 1023.635334
ARS 1721.721299
AUD 1.61933
AWG 2.007127
AZN 1.900047
BAM 1.955836
BBD 2.250342
BDT 139.162586
BGN 1.948955
BHD 0.422108
BIF 3342.96213
BMD 1.115071
BND 1.431727
BOB 13.402249
BRL 6.138357
BSD 1.117321
BTN 104.873949
BWP 15.391286
BYN 3.345962
BYR 21855.38619
BZD 2.247142
CAD 1.573644
CDF 2586.964483
CHF 0.914162
CLF 0.027822
CLP 1094.980351
CNY 7.444774
CNH 7.438418
COP 3608.76707
CRC 506.709417
CUC 1.115071
CUP 26.815498
CVE 110.267049
CZK 24.346956
DJF 198.963698
DKK 7.480457
DOP 67.891262
DZD 151.940824
EGP 59.957114
ERN 16.726061
ETB 183.378708
FJD 2.526309
FKP 0.834974
GBP 0.834166
GEL 2.893653
GGP 0.834974
GHS 13.055243
GIP 0.834974
GMD 83.077063
GNF 9896.183924
GTQ 8.538159
GYD 234.234353
HKD 8.744429
HNL 30.029558
HRK 7.547925
HTG 146.432722
HUF 363.51345
IDR 20192.258205
ILS 3.552538
IMP 0.834974
INR 104.716854
IQD 1693.83148
IRR 2108992.359359
ISK 136.919964
JEP 0.834974
JMD 177.323296
JOD 0.790629
JPY 176.710877
KES 145.192698
KGS 97.510486
KHR 4552.084602
KMF 492.86165
KPW 1003.563608
KRW 1520.737678
KWD 0.346765
KYD 0.931217
KZT 500.809308
LAK 25136.46717
LBP 100053.859534
LKR 371.556906
LRD 189.94353
LSL 18.477643
LTL 3.292514
LVL 0.674496
LYD 7.150133
MAD 10.921803
MDL 19.971371
MGA 5077.094359
MKD 61.556144
MMK 2341.587311
MNT 4015.514918
MOP 9.019368
MRU 45.108838
MUR 52.442198
MVR 17.176258
MWK 1937.436008
MXN 20.766565
MYR 4.528864
MZN 71.257178
NAD 18.477643
NGN 1502.23485
NIO 41.120764
NOK 10.548462
NPR 167.798119
NZD 2.015128
OMR 0.428348
PAB 1.117421
PEN 3.848972
PGK 5.092095
PHP 70.369926
PKR 309.016043
PLN 4.399568
PYG 6984.129802
QAR 4.084276
RON 5.343646
RSD 117.622186
RUB 91.352798
RWF 1649.13065
SAR 4.188587
SBD 8.974739
SCR 15.358485
SDG 670.719139
SEK 11.033072
SGD 1.430306
SHP 0.835103
SLE 25.591287
SLL 23382.48045
SOS 638.511867
SRD 41.908265
STD 23079.712667
STN 24.500455
SVC 9.776182
SYP 14498.149201
SZL 18.471343
THB 37.411034
TJS 10.307092
TMT 3.902748
TND 3.343362
TOP 2.684822
TRY 55.9111
TTD 7.577141
TWD 36.546782
TZS 2952.454872
UAH 50.616941
UGX 4570.084937
USD 1.115071
UYU 44.950835
UZS 13332.247784
VES 999.456181
VND 28526.296796
VUV 132.393741
WST 3.108622
XAF 655.957
XAG 0.021465
XAU 0.000274244363
XCD 3.013535
XCG 2.013637
XDR 0.788413
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 263.853652
ZAR 18.420333
ZMK 10036.978597
ZMW 22.703422
ZWL 359.052318
SSP 6406.340367
MXV 2.33632
La difícil lucha por la justicia en la guerra antidroga de Filipinas
La difícil lucha por la justicia en la guerra antidroga de Filipinas / Foto: Jam Sta Rosa - AFP

La difícil lucha por la justicia en la guerra antidroga de Filipinas

Hace seis años, cuatro policías se internaron en su barriada de Manila y mataron al marido y al hijo adolescente de Mary Ann Bonifacio. Aunque teme por su vida, esta mujer filipina sigue luchando para conseguir justicia.

Tamaño del texto:

Bonifacio ha recurrido a los tribunales para demostrar que los asesinatos fueron ilegítimos, en un raro ejemplo de policías enfrentados a juicio por la guerra contra las drogas desplegada por el presidente saliente de Filipinas, Rodrigo Duterte.

Los datos oficiales indican que más de 6.200 personas han muerto en operaciones antinarcóticos de la policía desde la llegada al poder de Duterte en 2016, prometiendo eliminar las drogas de este archipiélago del Sureste Asiático.

Pero organizaciones de defensa de derechos humanos estiman que miles de personas, mayoritariamente hombres pobres, murieron a manos de policías y vigilantes, incluso sin pruebas de su vínculo con el narcotráfico.

La campaña ha sido ampliamente criticada y ha provocado una investigación internacional, pero solo tres policías han sido condenados por matar a un sospechoso.

Los abogados señalan que la mayoría de familias tienen demasiado miedo para enfrentarse a los agentes o no disponen del dinero o el tiempo para impulsar un caso en el destartalado sistema judicial filipino.

- Vivir con miedo -

Para Bonifacio, con otros cinco hijos, emprender acciones legales significó renunciar a una vida normal.

Por temor a los agentes que están en libertad condicional o a sus seguidores, la mujer ha cambiado de casa varias veces y se pasa la vida vigilando sus espaldas.

"Hay esa posibilidad" de ser asesinada, dice la mujer de 48 años, pero que aparenta más. "También tengo que pensar en la seguridad de mis hijos", añade Bonifacio, que se dedica a lavar ropa y limpiar casas para llegar a fin de mes.

En 2017 presentó una querella criminal por asesinato, defendiendo que su marido Luis, un decorador desempleado, y su hijo Gabriel, camarero, no estaban metidos en drogas y estaban desarmados cuando la policía abrió fuego.

Pasaron cuatro años hasta que el defensor del pueblo presentó cargos de homicidio (menos grave que asesinato) contra los policías al entender que sus acciones "fueron más allá de la llamada autodefensa".

Los agentes aseguraron que actuaron en "defensa propia" tras recibir disparos de los hombres y pidieron al tribunal archivar el caso por falta de evidencia.

En el juicio, Bonifacio debe sentarse junto a los denunciados por falta de espacio. El 9 de agosto los acusados deben testificar ante el tribunal.

"No los quiero muertos. Quiero que entiendan que lo que hicieron estaba mal y asegurar que no volverán a hacerlo a otra gente", asegura.

Pero acceder a las pruebas custodiadas por la policía, la misma institución que despliega la guerra contra las drogas, supone una traba importante, señala su abogada Kristina Conti.

"Para este tipo de crímenes, el peso de la responsabilidad no puede recaer solamente en las víctimas o los supervivientes", añade la letrada.

Raquel Fortun, una de los únicos dos especialistas en patología forense del país, ha estado trabajando con un cura católico y las familias para recoger pruebas con la esperanza de usarlas ante la justicia.

Ha examinado algunos restos exhumados de víctimas de la guerra contra las drogas, cuyos cuerpos fueron retirados de tumbas temporales e incinerados.

Sus hallazgos cuestionan el argumento más frecuente de la policía conforme los sospechosos "se resistieron".

"Veo algunos casos en que hay heridas de bala en las muñecas, en los antebrazos, en las manos y estas son lo que típicamente llamaríamos heridas de autodefensa", explica.

"Instintivamente el individuo levanta el brazo o la mano. ¿Cómo esa persona puede haberse resistido?", añade.

- "Continuaremos luchando" -

En el apogeo de la guerra antidrogas, había asesinatos casi "cada noche" en su precaria barriada, explica Bonifacio.

Traumatizado, su hijo más pequeño, que ahora tiene 13 años, se despierta muchas noches llorando por pesadillas en las que la policía lo persigue y trata de matarlo.

Cuando Duterte sale por la televisión, apaga rápidamente el aparato. Y si ve un agente por la calle, huye corriendo.

La familia cierra con llave la puerta de casa al atardecer, baja de un autobús si sube algún hombre con aspecto de policía y realiza breves y rápidas visitas al cementerio por temor a ser atacada.

Bonifacio admite que los policías que dispararon a su marido y su hijo siguieron "el procedimiento adecuado" de las autoridades en las llamadas operaciones de narcotráfico, pero culpa al presidente saliente por dar la orden de matar a los sospechosos.

"Creo que él debería ir a prisión también", asegura.

Duterte, que perderá su inmunidad judicial cuando deje la presidencia el jueves, ordenó abiertamente a la policía matar a un sospechoso de narcotráfico si las vidas de los agentes estaban en peligro.

Recientemente, el presidente expresó su deseo de que su sucesor Ferdinand Marcos Jr, hijo del exdictador homónimo, mantenga esta política aunque él mismo ha admitido que ha fracasado en el objetivo de eliminar las drogas.

"Continuamos sufriendo el problema de las drogas. No desaparecerá por la tentación de los billones para los traficantes", dijo Duterte.

El dirigente ha rechazado cooperar con una investigación de la Corte Penal Internacional por su campaña.

El secretario de Justicia, Menardo Guevarra, dijo en marzo al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas que su oficina estaba analizando cientos de operaciones antidroga que terminaron con los sospechosos muertos.

En solo cinco de ellas se presentaron cargos, indicó.

Pero Bonifacio está determinada en seguir su propia búsqueda de justicia, aunque solo sea para evitar que otra familia se enfrente a su desesperación.

"Continuaremos luchando", asegura.

Y.Mori--JT