The Japan Times - Hutíes y Al Qaeda: mar Rojo

EUR -
AED 4.21834
AFN 74.661225
ALL 91.432306
AMD 416.419413
ANG 2.056463
AOA 1054.440663
ARS 1739.601242
AUD 1.608272
AWG 2.06753
AZN 1.957227
BAM 1.955422
BBD 2.310453
BDT 140.872738
BGN 1.933647
BHD 0.432416
BIF 3448.932551
BMD 1.148628
BND 1.465916
BOB 11.270819
BRL 5.906291
BSD 1.147178
BTN 109.921728
BWP 15.556989
BYN 3.470128
BYR 22513.103189
BZD 2.307154
CAD 1.607907
CDF 2654.479062
CHF 0.944743
CLF 0.027911
CLP 1102.062801
CNY 7.693107
CNH 7.700293
COP 3628.597782
CRC 513.200684
CUC 1.148628
CUP 30.438634
CVE 110.243665
CZK 24.347696
DJF 204.280467
DKK 7.475389
DOP 67.706897
DZD 153.990199
EGP 60.011386
ERN 17.229416
ETB 187.378938
FJD 2.545249
FKP 0.859109
GBP 0.857921
GEL 2.990867
GGP 0.859109
GHS 13.215443
GIP 0.859109
GMD 84.42856
GNF 10085.048308
GTQ 8.754306
GYD 240.003554
HKD 9.011042
HNL 30.79504
HRK 7.534658
HTG 149.930985
HUF 364.287725
IDR 20459.4717
ILS 3.487958
IMP 0.859109
INR 110.194179
IQD 1502.809171
IRR 1578903.655694
ISK 139.202636
JEP 0.859109
JMD 181.144944
JOD 0.814422
JPY 180.197158
KES 148.551252
KGS 100.447935
KHR 4649.100291
KMF 491.613064
KPW 1033.765308
KRW 1592.044397
KWD 0.353962
KYD 0.956015
KZT 512.880746
LAK 25706.025284
LBP 102727.519827
LKR 379.706518
LRD 198.461593
LSL 18.650291
LTL 3.391599
LVL 0.694794
LYD 7.28659
MAD 10.868997
MDL 20.161098
MGA 4973.037601
MKD 61.513096
MMK 2411.949927
MNT 4132.823691
MOP 9.269406
MRU 46.150069
MUR 54.640655
MVR 17.746733
MWK 1989.21504
MXN 19.789482
MYR 4.690656
MZN 73.40923
NAD 18.650291
NGN 1529.662418
NIO 42.211831
NOK 10.809019
NPR 175.874964
NZD 1.993627
OMR 0.442634
PAB 1.147178
PEN 3.871151
PGK 5.106012
PHP 72.2606
PKR 317.962167
PLN 4.363465
PYG 6800.683909
QAR 4.193089
RON 5.263476
RSD 117.367287
RUB 96.581309
RWF 1685.17388
SAR 4.316112
SBD 9.18961
SCR 16.119885
SDG 690.903792
SEK 11.290555
SGD 1.465883
SHP 0.858627
SLE 28.314099
SLL 24086.139517
SOS 655.573131
SRD 43.585257
STD 23774.274604
STN 24.49526
SVC 10.038057
SYP 14934.457826
SZL 18.644392
THB 38.275765
TJS 10.582452
TMT 4.031683
TND 3.374547
TOP 2.76562
TRY 56.015171
TTD 7.787493
TWD 36.503811
TZS 3039.911706
UAH 51.253181
UGX 4525.124283
USD 1.148628
UYU 46.131073
UZS 13582.371494
VES 973.444877
VND 29889.590367
VUV 135.812798
WST 3.158992
XAF 655.957
XAG 0.01734
XAU 0.000262
XCD 3.104224
XCG 2.0675
XDR 0.812139
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 271.708303
ZAR 18.688024
ZMK 10339.031894
ZMW 22.547637
ZWL 369.857655
SSP 6551.981415
MXV 2.243573

Hutíes y Al Qaeda: mar Rojo




El avance hutí en la costa de Yemen y su cooperación con organizaciones vinculadas a Al Qaeda agravan la amenaza sobre una de las grandes rutas del comercio mundial. Pero los contactos, el tráfico de armas y los acuerdos de conveniencia no equivalen a una fuerza unificada ni prueban que los yihadistas hayan dirigido la ofensiva.

El mar Rojo vuelve a situarse en el centro de una crisis que ya desborda las fronteras de Yemen. La toma de Moca el 10 de septiembre y la llegada de combatientes hutíes a la isla de Perim, también conocida como Mayún, al día siguiente han reforzado la posición del movimiento junto al estrecho de Bab el Mandeb. A la presión ejercida mediante misiles y drones se añade ahora una ventaja territorial en el acceso meridional a esta vía marítima.

La dimensión africana de la amenaza es menos visible, pero merece atención. Los hutíes han estrechado relaciones con Al Shabaab, la organización somalí afiliada a Al Qaeda, y mantienen acuerdos de conveniencia con Al Qaeda en la Península Arábiga. Son relaciones distintas, con interlocutores y objetivos propios. Confundirlas con una sola organización impediría comprender tanto su peligro como sus límites.

El valor de Bab el Mandeb
Bab el Mandeb conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y constituye el acceso meridional a la ruta del canal de Suez. En su punto más estrecho apenas alcanza unos 29 kilómetros de anchura. Esa geografía concentra el tráfico y convierte determinadas posiciones costeras e insulares en activos estratégicos de primera importancia.

Sin embargo, ocupar una costa no significa dominar de manera absoluta las aguas que la rodean. Para imponer un control permanente hacen falta medios de vigilancia, capacidad de intervención y continuidad logística. La ventaja de una fuerza que pretende perturbar el tránsito es otra: puede obtener resultados sin cumplir todos esos requisitos. Basta con que la amenaza resulte suficientemente creíble para alterar las decisiones de quienes transportan mercancías.

El precedente existe. La campaña hutí contra la navegación iniciada a finales de 2023 empujó a grandes compañías a desviar buques alrededor del cabo de Buena Esperanza. La nueva ofensiva debe leerse sobre ese trasfondo: ganar terreno próximo al estrecho puede reforzar una capacidad de intimidación que ya había producido efectos mucho más allá de Yemen.

La conexión con Al Qaeda
La expresión «con ayuda de Al Qaeda» necesita una precisión esencial. En el frente africano, el actor relevante es Al Shabaab. En Yemen, la relación se establece con Al Qaeda en la Península Arábiga, conocida por las siglas AQPA o AQAP. Compartir una afiliación internacional no convierte a ambas ramas en organizaciones intercambiables ni permite atribuir automáticamente a una las operaciones de la otra. Los hutíes proceden del zaidismo, una corriente del islam chií. Al Shabaab y la rama arábiga de Al Qaeda pertenecen al yihadismo suní. La distancia doctrinal es profunda y las relaciones entre los hutíes y los yihadistas yemeníes han incluido enfrentamientos. Su acercamiento actual no borra ese historial: muestra que la hostilidad ideológica puede coexistir con acuerdos útiles para ambas partes.

Desde 2022, los hutíes y AQAP han mantenido un entendimiento de no agresión que ha incluido cooperación en seguridad e inteligencia y acciones contra adversarios gubernamentales. Un acuerdo de esa naturaleza permite reducir la presión sobre determinados frentes y concentrar recursos en otros. No requiere una reconciliación religiosa ni una integración orgánica; puede sostenerse mientras sus participantes consideren que obtienen más ventajas colaborando que combatiéndose.

Esta distinción importa para evaluar la ofensiva de septiembre. Los vínculos con organizaciones de Al Qaeda no bastan para dar por demostrada su participación directa en la conquista de Moca o en el avance hacia Perim. Atribuirles esas operaciones exigiría evidencias específicas sobre quién intervino, bajo qué mando y con qué cometido.

Armas, dinero y territorio
La relación con Al Shabaab tiene una lógica de intercambio especialmente preocupante. Los hutíes aportan acceso a armamento y conocimientos militares; la organización somalí dispone de recursos financieros y conexiones locales que pueden resultar valiosas para sus interlocutores yemeníes. La cooperación ha incluido transferencias de armas y formación, y amplía las posibilidades de actuación a ambos lados del golfo de Adén. El dinero es una parte decisiva de esa ecuación. Al Shabaab obtiene ingresos mediante la extorsión y la imposición coercitiva de pagos, y utiliza redes financieras y comerciales para mover recursos. Los contactos con actores armados de Yemen añaden una dimensión transfronteriza a una economía clandestina que no se explica únicamente por la afinidad política o religiosa.

La formación puede tener un efecto más duradero que una entrega puntual de material. Un cargamento se consume, se pierde o se intercepta; los conocimientos pueden difundirse y reutilizarse. Esa es una de las razones por las que la cooperación resulta relevante incluso sin una gran operación conjunta visible. El riesgo no depende exclusivamente de cuántas armas cruzan el mar, sino también de cómo cambia la capacidad de quienes las reciben.

Para los hutíes, ampliar sus relaciones africanas puede reducir el aislamiento y proporcionar alternativas de financiación y conexión regional. Para Al Shabaab, el acceso a nuevos medios podría fortalecer su capacidad de amenazar al Estado somalí y a sus aliados. El beneficio de una parte no tiene por qué adoptar la misma forma que el de la otra.

Una alianza con límites
También conviene separar cooperación, subordinación y mando conjunto. Comprar armas no equivale a aceptar órdenes. Recibir entrenamiento no demuestra que todas las operaciones posteriores respondan a una planificación compartida. Y actuar contra enemigos coincidentes no convierte necesariamente a varios grupos en una fuerza única.

La misma cautela debe aplicarse a la piratería. Las conexiones entre traficantes, grupos armados y redes criminales pueden favorecer intercambios y negocios, pero no autorizan a atribuir cada secuestro marítimo a Al Qaeda o a los hutíes. Borrar esas diferencias produciría un mapa aparentemente sencillo y operativamente engañoso. En realidad, una cooperación limitada puede ser suficiente para aumentar el peligro. No hace falta que todos los participantes compartan una estrategia completa: basta con que determinados acuerdos les permitan sobrevivir mejor, adquirir recursos o perjudicar a adversarios comunes. Esa flexibilidad complica la respuesta, porque desactivar una relación concreta no garantiza que desaparezcan las demás.

El dilema de Washington
La crisis de 2026 añade un elemento que multiplica la presión: las perturbaciones del tráfico por Ormuz durante la guerra con Irán han aumentado la importancia de las salidas saudíes al mar Rojo. La amenaza hutí afecta así a una ruta alternativa precisamente cuando su disponibilidad resulta más valiosa. No conviene confundir esa convergencia de intereses con la demostración de que cada decisión hutí se toma por orden de Teherán. El movimiento mantiene objetivos propios en Yemen. Pero una acción puede servir simultáneamente a una ambición territorial local y a la presión regional que beneficia a Irán.

Washington se enfrenta, por tanto, a un problema que no admite soluciones gratuitas. Una nueva intervención exigiría medios militares y recursos de defensa ya sometidos a presión por el conflicto regional. Renunciar a ella tampoco eliminaría los riesgos para la navegación ni las demandas de seguridad de sus socios.

La disuasión tiene además dos destinatarios diferentes. Debe influir en el cálculo del actor armado, pero también en el de las compañías que deciden por dónde navegar. Una operación puede destruir capacidad militar sin convencer de inmediato a una naviera de que el riesgo ha desaparecido. La seguridad efectiva y la confianza comercial no siempre se recuperan al mismo ritmo.

La factura del comercio
Las consecuencias económicas empiezan antes de que se cierre por completo un estrecho. Los desvíos alargan los trayectos, aumentan las necesidades de combustible y alteran la disponibilidad de buques. La inseguridad también repercute en los seguros y en los plazos de transporte. Una ruta puede seguir abierta y, aun así, perder buena parte de su utilidad comercial.

Para una empresa, el problema no es únicamente pagar más por un envío. También consiste en no saber con suficiente antelación cuándo llegará. Esa incertidumbre puede obligar a adelantar compras, mantener más existencias o buscar proveedores alternativos. El coste de la crisis se transmite así desde el transporte a la organización cotidiana de la producción y la distribución.

No todas las mercancías, navieras o economías quedan expuestas de la misma manera. Importan el origen, el destino, las alternativas disponibles y la capacidad de absorber gastos adicionales. Presentar el mar Rojo como una vía completamente paralizada sería tan impreciso como minimizar el daño porque todavía circulen barcos.

Los civiles, entre dos fuegos
En Yemen, las consecuencias más inmediatas no se miden en fletes. El avance de septiembre ha provocado nuevas huidas y desplazamientos, y parte de la población ha cruzado el estrecho hacia Yibuti. La reanudación de grandes combates pone en peligro la relativa calma que había prevalecido desde la tregua de 2022. Para una familia que abandona su hogar, un puerto no es solo una posición estratégica. Es un lugar de trabajo, una conexión con el abastecimiento y una posible vía de salida. Las decisiones militares que buscan modificar el equilibrio regional afectan de forma directa a quienes carecen de medios para protegerse o marcharse en condiciones seguras.

Cualquier respuesta que mida su éxito únicamente en objetivos destruidos dejará fuera una parte esencial del problema. La protección de la navegación y la de la población civil deben evaluarse juntas. Una mejora temporal del tránsito no supondría una estabilización duradera si viniera acompañada de un deterioro continuado de las condiciones de vida en tierra.

Amenazar no es dominar
Los hutíes no necesitan convertirse en una potencia naval convencional para causar daños económicos importantes. La combinación de posiciones costeras, capacidad de ataque y relaciones transfronterizas puede permitirles imponer riesgos superiores a los que sugeriría una simple comparación de flotas. La cooperación con actores vinculados a Al Qaeda añade profundidad a esa amenaza, pero no convierte cada avance hutí en una victoria militar conjunta.

El desafío consiste en responder a cada componente sin confundirlos: la ofensiva territorial en Yemen, los ataques a la navegación, la financiación de los grupos armados y la expansión de sus relaciones africanas. Tratarlos como conflictos totalmente separados dejaría huecos; presentarlos como una organización única ocultaría diferencias necesarias para entenderlos. La conclusión no es que los hutíes hayan conquistado el mar Rojo. Es que han reforzado su capacidad para hacer más costoso y menos previsible su uso. Y para alterar una ruta comercial de alcance mundial, esa capacidad puede bastar.