The Japan Times - Error de Bruselas con Magyar

EUR -
AED 4.284003
AFN 76.404341
ALL 92.392206
AMD 424.976017
ANG 2.087796
AOA 1069.688039
ARS 1749.163431
AUD 1.628462
AWG 2.101172
AZN 1.989851
BAM 1.952399
BBD 2.352872
BDT 142.751304
BGN 1.978824
BHD 0.440448
BIF 3476.592227
BMD 1.166508
BND 1.482381
BOB 13.492494
BRL 5.993869
BSD 1.168205
BTN 111.797543
BWP 15.653333
BYN 3.494746
BYR 22863.551965
BZD 2.349477
CAD 1.614289
CDF 2653.805515
CHF 0.935685
CLF 0.027123
CLP 1067.490976
CNY 7.840391
CNH 7.844067
COP 3554.034167
CRC 531.592108
CUC 1.166508
CUP 30.912455
CVE 110.077474
CZK 24.107635
DJF 208.02383
DKK 7.475594
DOP 68.444572
DZD 155.144656
EGP 59.310968
ERN 17.497616
ETB 188.935871
FJD 2.556519
FKP 0.855097
GBP 0.856042
GEL 3.038711
GGP 0.855097
GHS 12.99536
GIP 0.855097
GMD 85.723324
GNF 10264.513515
GTQ 8.914813
GYD 244.394225
HKD 9.141834
HNL 31.328167
HRK 7.532953
HTG 152.831603
HUF 361.922444
IDR 20664.68485
ILS 3.490774
IMP 0.855097
INR 111.687866
IQD 1530.353553
IRR 1603481.557324
ISK 141.607376
JEP 0.855097
JMD 185.403355
JOD 0.827087
JPY 185.66779
KES 150.981119
KGS 102.010941
KHR 4716.026484
KMF 492.26651
KPW 1049.857321
KRW 1613.735511
KWD 0.359903
KYD 0.973516
KZT 537.85372
LAK 26313.495962
LBP 104617.375266
LKR 384.574844
LRD 212.028791
LSL 18.732687
LTL 3.444394
LVL 0.705609
LYD 7.424288
MAD 10.789104
MDL 20.11074
MGA 4995.489752
MKD 61.454024
MMK 2449.445665
MNT 4194.503501
MOP 9.433387
MRU 46.550498
MUR 54.441386
MVR 18.022232
MWK 2025.640464
MXN 19.747109
MYR 4.715722
MZN 74.51598
NAD 18.732687
NGN 1573.186812
NIO 42.987504
NOK 10.868983
NPR 178.879331
NZD 1.954029
OMR 0.448525
PAB 1.168165
PEN 3.916377
PGK 5.17718
PHP 71.980532
PKR 324.147597
PLN 4.312147
PYG 7036.95162
QAR 4.246765
RON 5.252436
RSD 117.301647
RUB 97.028893
RWF 1721.360136
SAR 4.386409
SBD 9.369691
SCR 16.036825
SDG 701.641944
SEK 11.062174
SGD 1.481786
SHP 0.864226
SLE 28.703391
SLL 24461.083431
SOS 667.659722
SRD 44.059159
STD 24144.355324
STN 24.458333
SVC 10.221324
SYP 15166.933699
SZL 18.720029
THB 38.121246
TJS 10.776741
TMT 4.082777
TND 3.397712
TOP 2.808671
TRY 56.086973
TTD 7.923502
TWD 37.134642
TZS 3088.326952
UAH 52.199849
UGX 4345.429553
USD 1.166508
UYU 46.989747
UZS 13849.228665
VES 908.688835
VND 30547.338536
VUV 137.356501
WST 3.168127
XAF 654.838619
XAG 0.016945
XAU 0.000251
XCD 3.152545
XCG 2.105359
XDR 0.824782
XOF 654.835817
XPF 119.331742
YER 276.549847
ZAR 18.686515
ZMK 10499.96805
ZMW 22.167046
ZWL 375.615021

Error de Bruselas con Magyar




La noche del 12 de abril de 2026 marcó un hito en Hungría: Péter Magyar y su partido Tisza obtuvieron 138 de los 199 escaños del parlamento, desbancando al primer ministro Viktor Orbán y a Fidesz, que se quedó con apenas 55 representantes. La victoria, cimentada en un 54 % de los votos, otorgaba a Magyar una mayoría constitucional y la capacidad de aprobar reformas profundas. En Bruselas, la noticia fue recibida con júbilo. La presidenta de la Comisión Europea celebró que los húngaros hubiesen «escogido Europa», mientras el primer ministro polaco Donald Tusk difundía un vídeo de felicitación y se autoproclamaba padrino de la nueva era.

Para muchos líderes europeos la caída de Orbán parecía el final de una pesadilla. Durante 16 años el dirigente húngaro había bloqueado o diluido políticas comunitarias, protegido los intereses de Moscú y Jerusalén y vetado ayudas clave para Ucrania. Su derrota se interpretó como un aval a los valores europeos y un signo de que la extrema derecha retrocedía. Sin embargo, este entusiasmo escondía una grave falta de previsión: los funcionarios comunitarios tenían poco más que un brindis al sol. Las instituciones europeas no habían diseñado un plan para acompañar la transición húngara. Su estrategia seguía siendo confiar en que las urnas lo arreglaran todo, como ya ocurrió en Polonia.

Por qué un cambio de gobierno no basta
El articulista Alberto Alemanno advertía en El País que Bruselas llevaba años posponiendo decisiones estructurales sobre Hungría. La política comunitaria se había reducido a una única apuesta desesperada: esperar que Orbán perdiese las elecciones. Sin embargo, derrotar al líder no equivale a neutralizar su influencia. El nuevo gobierno heredará una arquitectura legal diseñada para perpetuar a Fidesz: un presidente con poder de veto, un Tribunal Constitucional lleno de magistrados leales con mandatos de 12 años y un sistema electoral que dificulta que una mayoría popular se traduzca en una mayoría parlamentaria. Estas «agresiones constitucionales» garantizan que el llamado orbanismo pueda sobrevivir sin su creador.

La experiencia de Polonia ofrece un ejemplo aleccionador. Tras la derrota del partido Ley y Justicia en 2023, la Comisión Europea desbloqueó miles de millones de euros basándose en promesas de reforma. Dos años después, Varsovia sigue luchando contra un aparato judicial capturado y un presidente que bloquea las leyes. La UE celebró demasiado pronto y dejó al nuevo gobierno solo en una batalla desigual. Repetir este error en Budapest sería irresponsable. Sin un plan de «redemocratización» que ayude a desmontar el Estado profundo construido por Fidesz, los recursos europeos corren el riesgo de financiar a la vieja guardia y alimentar nuevas frustraciones sociales.

Un conservador proeuropeo: ¿qué propone Péter Magyar?
Péter Magyar no es un radical de izquierdas; fue funcionario de Fidesz y conoce las entrañas del régimen. Su discurso se centra en el respeto al Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y la reapertura económica. Ha prometido restablecer las relaciones con la UE, desbloquear 18 000 millones de euros en fondos congelados y apoyar el préstamo de 90 000 millones para Ucrania. También quiere acelerar las negociaciones de adhesión de Kiev y encaminar a Hungría hacia la neutralidad energética, aunque ha fijado 2035 como fecha para abandonar el petróleo ruso, más tarde que el objetivo de 2027 marcado por Bruselas.

No obstante, Magyar mantendrá algunas de las políticas clave de Orbán. Se opone al pacto migratorio de la UE, mantendrá la valla fronteriza y defenderá los beneficios fiscales que han atraído inversiones chinas y alemanas. Su partido Tisza forma parte del grupo del Partido Popular Europeo y se declara conservador. La nueva mayoría desea una cooperación pragmática con Bruselas pero rechaza cualquier cesión de soberanía. En ese equilibrio entre nacionalismo y europeísmo reside el verdadero error de cálculo de la UE: asumir que una Hungría gobernada por Magyar será totalmente alineada con Bruselas.

Varsovia como nuevo centro de gravedad
Otro aspecto subestimado por la burocracia comunitaria es el efecto regional de la victoria de Tisza. Péter Magyar anunció que su primer viaje oficial será a Varsovia, un gesto que subraya la intención de reconstruir el grupo de Visegrado alrededor de la alianza húngaro‑polaca. Tras años de tensiones, Polonia gana un socio que comparte su apuesta por reforzar el flanco oriental de la OTAN y por vincular las ayudas de la UE con la defensa de Ucrania. Esto dará a Varsovia mayor poder de negociación en Bruselas y aislará al eslovaco Robert Fico, cuyo gobierno populista había encontrado cobertura en los vetos de Orbán.

La cooperación Varsovia–Budapest podría acelerar proyectos como la interconexión energética regional, el corredor ferroviario Báltico‑Adriático o la defensa conjunta contra la influencia rusa. Al mismo tiempo, ambos países podrían coordinarse para suavizar ciertas políticas europeas, especialmente en materia migratoria. Para Bruselas, que confiaba en reducir el margen de maniobra de Polonia tras la salida de Orbán, esta nueva entente significa que Varsovia recuperará protagonismo en el Consejo y el Parlamento europeos.

Ecos populares y advertencias
Entre los ciudadanos de Europa Central reina una mezcla de alivio y escepticismo. Muchos celebran la derrota de Orbán como un momento histórico y esperan que Hungría reconstruya sus instituciones democráticas. Otros recuerdan que Magyar podría ser un “caballo de Troya”, al mantener estructuras conservadoras y alianzas empresariales de la era Fidesz. Comentarios en foros subrayan que no será un gobierno “woke”, sino un proyecto pragmático centrado en la justicia y la eficiencia económica. Hay quien critica que Bruselas condiciona la entrega de fondos a la adopción de sus políticas, acusándola de chantaje y de haber tolerado demasiado tiempo el autoritarismo húngaro.

También hay voces que ven en la elección una victoria de la juventud, hastiada de la corrupción y la nostalgia del pasado. La comparación con Polonia es recurrente: muchos destacan que los conservadores polacos nunca toleraron las relaciones de Orbán con Moscú y celebran la caída del «último amigo de Putin» en la UE. Sin embargo, persiste el temor de que la burocracia europea repita sus errores, confunda una alternancia con una transformación y devuelva el control a las mismas élites que han capturado el Estado durante década y media.

Conclusión
La victoria de Péter Magyar abre una oportunidad para Hungría y para la Unión Europea. Pero la euforia inicial de Bruselas puede transformarse en frustración si no se abordan los obstáculos estructurales. La UE debe acompañar la transición con recursos y asesoramiento, sin caer en la complacencia ni imponer recetas que alimenten el euroescepticismo. Hungría necesita reformas profundas para deshacer el entramado legal y clientelar del orbanismo; de lo contrario, un nuevo gobierno podría quedarse paralizado antes de empezar.

Al mismo tiempo, Polonia refuerza su posición como mediador entre el Este y el Oeste de Europa. La cooperación entre Varsovia y Budapest puede impulsar la defensa del Estado de derecho y acelerar proyectos estratégicos, pero también desafiar ciertas directrices de Bruselas. En este tablero en movimiento, el mayor error de cálculo sería creer que la derrota de Orbán soluciona automáticamente todos los problemas. La historia reciente demuestra que los populismos se reinventan y que la reconstrucción democrática es un proceso largo y frágil.