The Japan Times - IA amenaza la clase media

EUR -
AED 4.320284
AFN 74.695661
ALL 95.423777
AMD 434.198147
ANG 2.105598
AOA 1079.923359
ARS 1638.385826
AUD 1.623709
AWG 2.117498
AZN 1.995011
BAM 1.952203
BBD 2.370023
BDT 144.652863
BGN 1.962334
BHD 0.444679
BIF 3505.526187
BMD 1.176388
BND 1.489749
BOB 8.130984
BRL 5.771943
BSD 1.176727
BTN 111.33639
BWP 15.745921
BYN 3.323063
BYR 23057.195242
BZD 2.366629
CAD 1.599805
CDF 2723.337207
CHF 0.916217
CLF 0.026913
CLP 1059.207736
CNY 8.035138
CNH 8.013351
COP 4371.655982
CRC 536.908467
CUC 1.176388
CUP 31.174269
CVE 110.062211
CZK 24.336693
DJF 209.543027
DKK 7.473
DOP 70.099223
DZD 155.561424
EGP 61.881181
ERN 17.645813
ETB 183.736386
FJD 2.568644
FKP 0.866553
GBP 0.863698
GEL 3.164322
GGP 0.866553
GHS 13.238552
GIP 0.866553
GMD 85.876577
GNF 10327.926954
GTQ 8.982412
GYD 246.145432
HKD 9.217684
HNL 31.283361
HRK 7.531818
HTG 153.980767
HUF 359.295215
IDR 20405.794248
ILS 3.420988
IMP 0.866553
INR 111.142756
IQD 1541.304665
IRR 1548125.965862
ISK 143.613165
JEP 0.866553
JMD 185.409959
JOD 0.834121
JPY 183.714671
KES 152.04785
KGS 102.840378
KHR 4716.290215
KMF 494.677678
KPW 1058.752873
KRW 1701.445038
KWD 0.362257
KYD 0.980589
KZT 544.903702
LAK 25849.263006
LBP 105375.897599
LKR 376.704323
LRD 215.93123
LSL 19.181477
LTL 3.473566
LVL 0.711586
LYD 7.44834
MAD 10.804393
MDL 20.227645
MGA 4902.94551
MKD 61.522691
MMK 2469.883514
MNT 4211.055
MOP 9.497161
MRU 46.965267
MUR 55.031682
MVR 18.181029
MWK 2040.431843
MXN 20.309895
MYR 4.617331
MZN 75.174346
NAD 19.181558
NGN 1601.227994
NIO 43.300036
NOK 10.900289
NPR 178.138025
NZD 1.971637
OMR 0.452296
PAB 1.176727
PEN 4.105019
PGK 5.116573
PHP 71.462001
PKR 327.865516
PLN 4.232589
PYG 7201.73085
QAR 4.289796
RON 5.258809
RSD 117.395268
RUB 88.052219
RWF 1720.722265
SAR 4.413598
SBD 9.449048
SCR 16.218274
SDG 706.423089
SEK 10.833587
SGD 1.491779
SHP 0.878292
SLE 28.968595
SLL 24668.25343
SOS 672.458141
SRD 44.087443
STD 24348.846389
STN 24.454838
SVC 10.295986
SYP 130.818641
SZL 19.175588
THB 37.872621
TJS 10.996492
TMT 4.123238
TND 3.419001
TOP 2.832459
TRY 53.199541
TTD 7.974274
TWD 36.98503
TZS 3053.823167
UAH 51.593117
UGX 4424.828471
USD 1.176388
UYU 47.282882
UZS 14208.760045
VES 580.540132
VND 30968.401263
VUV 139.108325
WST 3.202815
XAF 654.747848
XAG 0.015343
XAU 0.000251
XCD 3.179246
XCG 2.120783
XDR 0.81927
XOF 654.750626
XPF 119.331742
YER 280.680944
ZAR 19.30199
ZMK 10588.909093
ZMW 22.269873
ZWL 378.796299

IA amenaza la clase media




El auge de la inteligencia artificial (IA) ya no es una hipótesis académica; es un hecho que está dejando huella en la economía. Informes de organismos internacionales y centros de investigación muestran que las nuevas oleadas de automatización vinculadas a la IA generativa están sustituyendo tareas humanas a un ritmo acelerado. En sectores como la comida rápida, la enseñanza de apoyo o el transporte se calcula que hasta ocho de cada diez puestos podrían verse automatizados en la próxima década. Datos internos de empresas tecnológicas confirman que las grandes corporaciones ya han prescindido de decenas de miles de empleados, mientras que compañías de servicios prevén delegar más de la mitad de sus procesos en algoritmos. Este tipo de reestructuraciones empresariales afecta sobre todo a puestos de entrada y trabajos rutinarios, los mismos que tradicionalmente han alimentado a la clase media.

La velocidad del cambio tecnológico supera la de revoluciones anteriores. Estudios macroeconómicos apuntan que la inversión en IA contribuyó con aproximadamente cuatro décimas al crecimiento del producto interior bruto de Estados Unidos en 2025 y se espera que repita esa magnitud en 2026. El gasto en semiconductores, centros de datos y software mueve centenas de miles de millones de dólares, mientras que la adopción de herramientas de IA en las empresas apenas ronda una quinta parte de las organizaciones, aunque se acelera. Los beneficios se distribuyen de manera desigual: los altos ejecutivos ven cómo su productividad y sus ingresos crecen, mientras que muchos trabajadores temen quedar obsoletos.

¿Hacia el fin de la clase media?
El debate sobre la desaparición de la clase media no es nuevo, pero la irrupción de la IA ha reavivado el temor a una polarización sin precedentes. Estudios recientes sobre la evolución salarial señalan que, sin la automatización, la desigualdad salarial en algunos países europeos habría sido notablemente menor. En términos prácticos, ello habría significado una mayor participación salarial para los trabajadores con ingresos medios y bajos, y una menor cuota para el decil más privilegiado. Las nuevas tecnologías se han convertido en el factor más influyente de la desigualdad, superando a la deslocalización o al nivel educativo.

Análisis de organismos económicos internacionales llegan a una conclusión similar: la adopción de IA ensanchará las brechas de ingresos al trasladar rentas del trabajo al capital. Según estas estimaciones, los ingresos de los trabajadores de menores recursos podrían disminuir alrededor de un par de puntos porcentuales, mientras que los de salarios altos aumentarían cerca de un diez por ciento. La razón es que las tareas complementarias a la IA —aquellas que exigen capacidades cognitivas complejas— son más frecuentes entre profesionales altamente cualificados, por lo que estos se benefician más de los incrementos de productividad.

Para la clase media, la amenaza radica en la desaparición de trabajos rutinarios que fueron durante décadas un trampolín para el ascenso social. Economistas y analistas señalan que profesiones como contabilidad, soporte administrativo, programación básica o servicios legales repetitivos ya se realizan mediante algoritmos. Si las empresas sustituyen masivamente estos puestos, los jóvenes tendrán menos oportunidades de adquirir experiencia y avanzar hacia posiciones senior, preocupación que circula de forma insistente en foros y redes sociales. Algunos observadores temen que el trabajo se convierta en un privilegio para una minoría, mientras la mayoría sobreviva con ingresos de subsistencia, al estilo de la ciencia ficción distópica.

Ganadores y perdedores de la revolución cognitiva
La automatización afecta de manera desigual según la ocupación, la formación y la geografía. En los países ricos, la exposición a la IA es mayor en ocupaciones administrativas y profesionales; sin embargo, los trabajadores con títulos universitarios y las generaciones más jóvenes tienen más probabilidades de beneficiarse de ella. La adopción de sistemas de IA puede liberar a estos profesionales de tareas repetitivas y permitirles concentrarse en decisiones estratégicas o creativas, aumentando su productividad. Experimentos académicos demuestran que, en tareas de consultoría y atención al cliente, los trabajadores inicialmente menos eficientes mejoran mucho con el apoyo de asistentes de IA.

No obstante, en tareas complejas o de investigación científica, la brecha puede ampliarse: en un estudio sobre innovación en materiales, la productividad del grupo de investigadores más destacados creció significativamente gracias a la IA, mientras que el tercio menos productivo apenas mejoró. Este hallazgo sugiere que la tecnología puede multiplicar las capacidades de quienes ya están en la cima, reforzando las desigualdades. Además, la inteligencia artificial generativa es capaz de aprender y emitir juicios expertos, por lo que puede desplazar actividades reservadas a abogados, médicos o creativos publicitarios.

En los países en desarrollo la situación es aún más delicada. Documentos de organismos internacionales advierten que muchos países corren el riesgo de sufrir perturbaciones antes de beneficiarse de la IA. La brecha digital y la composición de tareas explican la diferencia: los puestos administrativos y de oficina —que permiten acceso al empleo decente para mujeres y jóvenes— son más vulnerables a la automatización en los países pobres, pero solo una pequeña proporción de trabajadores dispone de internet y habilidades para aprovechar la tecnología. La consecuencia es que podrían perderse empleos relativamente bien remunerados en estos contextos mientras que la productividad no crece porque las infraestructuras y competencias son insuficientes.

En América Latina se estima que sólo entre el siete y el catorce por ciento de los trabajadores puede delegar tareas a la IA generativa. Estos empleos se concentran en el sector formal urbano y están ocupados por personas con mayor educación, es decir, la clase media urbana. Además, la desigualdad de acceso a tecnologías digitales provoca que los trabajadores del quintil más rico tengan varias veces más probabilidades de beneficiarse de la IA que los más pobres. Sectores como la banca, el sector público y el servicio al cliente son especialmente sensibles a la automatización y están ocupados en gran medida por mujeres y jóvenes.

Descontento social y perspectivas de adaptación
La rápida difusión de la IA suscita sentimientos encontrados. Comentarios populares en foros y redes sociales reflejan indignación por el desplazamiento de jóvenes profesionales y la creciente dificultad para iniciar carreras en tecnología. Muchos usuarios señalan que las empresas utilizan la IA para reducir costos y maximizar beneficios, al tiempo que los salarios de trabajadores de base se estancan o caen. Otros ironizan con que aún hay tareas manuales —como vender comida en la calle— que la IA no puede realizar, mientras que algunos opinan que la eliminación de puestos júnior impedirá a la siguiente generación adquirir experiencia. Estas percepciones revelan un creciente sentimiento de injusticia y un temor a que la IA beneficie solo a una élite.

Sin embargo, también existen voces que recuerdan la capacidad de adaptación humana. A lo largo de la historia, la automatización ha destruido empleos pero también ha creado otros, y quienes se han reciclado han logrado prosperar. Investigadores señalan que la IA generativa puede ser una herramienta de capacitación que iguala a trabajadores menos cualificados en tareas de redacción o atención al cliente. Además, en sectores como la educación y la salud, la IA podría facilitar un acceso más equitativo a servicios de calidad si se abordan las brechas digitales y se forman a los profesionales.

Propuestas para una transición justa
Ante el riesgo de que la IA profundice la desigualdad y erosione a la clase media, múltiples instituciones y líderes han planteado respuestas. Economistas galardonados con el Premio Nobel proponen políticas públicas robustas: programas de protección social, ayudas a la búsqueda de empleo y sistemas fiscales que graven las grandes fortunas. También sugieren mecanismos para compartir la propiedad de las empresas con los trabajadores y reducir la semana laboral sin bajar salarios. Estas medidas buscan distribuir los beneficios de la automatización y dar tiempo para la reconversión profesional.

Otras propuestas incluyen la creación de impuestos específicos a los robots o a las empresas que sustituyen trabajadores por algoritmos, así como la modernización del seguro de desempleo. Organismos internacionales subrayan la necesidad de ampliar la conectividad digital, desarrollar habilidades tecnológicas y fortalecer las instituciones del mercado laboral y los sistemas de protección social. En muchos países se debate también la idea de una renta básica universal o de dividendos tecnológicos, financiados con los beneficios de la automatización, para asegurar un mínimo vital a quienes queden desplazados.

Conclusión y perspectivas para el futuro próximo
La inteligencia artificial no es intrínsecamente destructiva, pero su impacto depende de cómo se integre en la economía y la sociedad. Las evidencias disponibles indican que, sin intervención, la automatización favorece a los trabajadores cualificados y al capital, ensanchando las desigualdades y erosionando la base de la clase media. Para evitarlo, se requieren políticas públicas que redistribuyan los beneficios de la innovación, inversiones en educación y competencias digitales, y una regulación que incentive usos complementarios de la IA en lugar de la sustitución masiva de trabajadores.

El futuro no está escrito. La misma tecnología que amenaza con destruir empleos puede multiplicar la productividad de millones de personas, mejorar servicios públicos y ampliar el acceso al conocimiento. La respuesta colectiva —desde empresas responsables hasta gobiernos previsores y ciudadanos dispuestos a adquirir nuevas habilidades— determinará si la IA se convierte en un catalizador de prosperidad compartida o en el motor de una era de desigualdad y precariedad laboral.  U.Sellmer