The Japan Times - Dólar y Petróleo Ruso: Trampa

EUR -
AED 4.173394
AFN 72.159531
ALL 94.465745
AMD 416.26938
ANG 2.034595
AOA 1042.639552
ARS 1681.01139
AUD 1.646476
AWG 2.046921
AZN 1.9375
BAM 1.956126
BBD 2.284281
BDT 139.503251
BGN 1.921499
BHD 0.427769
BIF 3385.419563
BMD 1.136389
BND 1.473326
BOB 7.837306
BRL 5.898999
BSD 1.134189
BTN 107.325888
BWP 15.516518
BYN 3.196419
BYR 22273.232292
BZD 2.28098
CAD 1.617241
CDF 2578.467913
CHF 0.921783
CLF 0.026517
CLP 1043.637495
CNY 7.716651
CNH 7.731107
COP 3911.361413
CRC 516.281506
CUC 1.136389
CUP 30.114319
CVE 110.283381
CZK 24.233843
DJF 201.963661
DKK 7.47484
DOP 66.480495
DZD 151.635526
EGP 56.502185
ERN 17.045841
ETB 182.849467
FJD 2.550284
FKP 0.8636
GBP 0.861616
GEL 3.000284
GGP 0.8636
GHS 12.703117
GIP 0.8636
GMD 82.383014
GNF 9937.525121
GTQ 8.651442
GYD 237.239541
HKD 8.909867
HNL 30.347791
HRK 7.532439
HTG 148.292759
HUF 354.49689
IDR 20375.46199
ILS 3.379116
IMP 0.8636
INR 107.342945
IQD 1485.74763
IRR 1562592.247895
ISK 144.205948
JEP 0.8636
JMD 178.628986
JOD 0.805737
JPY 183.896783
KES 147.332824
KGS 99.376904
KHR 4556.699321
KMF 493.192686
KPW 1022.75086
KRW 1750.630813
KWD 0.351828
KYD 0.945158
KZT 551.941992
LAK 24895.149288
LBP 101576.582899
LKR 382.633774
LRD 206.584432
LSL 18.855943
LTL 3.355462
LVL 0.68739
LYD 7.294216
MAD 10.663477
MDL 20.086259
MGA 4737.768801
MKD 61.602713
MMK 2385.889167
MNT 4072.618644
MOP 9.160227
MRU 45.349359
MUR 54.762625
MVR 17.55706
MWK 1966.619125
MXN 20.003744
MYR 4.678539
MZN 72.626964
NAD 18.855943
NGN 1559.797039
NIO 41.736405
NOK 11.207367
NPR 171.72011
NZD 2.01246
OMR 0.436945
PAB 1.134189
PEN 3.846541
PGK 4.975764
PHP 69.553887
PKR 315.437986
PLN 4.2882
PYG 6918.153052
QAR 4.123187
RON 5.232166
RSD 117.41288
RUB 85.334925
RWF 1666.070354
SAR 4.258391
SBD 9.150154
SCR 15.974768
SDG 681.83371
SEK 11.045017
SGD 1.473323
SHP 0.848429
SLE 28.177536
SLL 23829.521743
SOS 648.205185
SRD 42.568846
STD 23520.966274
STN 24.503761
SVC 9.923654
SYP 125.607505
SZL 18.853059
THB 37.885515
TJS 10.530755
TMT 3.977363
TND 3.371562
TOP 2.736153
TRY 52.858928
TTD 7.690282
TWD 36.148998
TZS 2976.131147
UAH 50.909361
UGX 4184.697466
USD 1.136389
UYU 45.277546
UZS 13638.273099
VES 705.417114
VND 29910.905467
VUV 136.163016
WST 3.156635
XAF 656.06346
XAG 0.01976
XAU 0.000284
XCD 3.07115
XCG 2.044041
XDR 0.815932
XOF 656.066347
XPF 119.331742
YER 271.170899
ZAR 18.790993
ZMK 10228.862567
ZMW 20.443407
ZWL 365.916924

Dólar y Petróleo Ruso: Trampa




El gobierno de Estados Unidos ha intensificado en 2025 su estrategia para presionar la industria energética rusa, utilizando el dólar como un arma geopolítica. Las sanciones financieras y comerciales han sido la punta de lanza de esta política, que busca reducir los ingresos que Moscú obtiene de la venta de crudo para financiar su guerra en Ucrania. Washington y sus aliados del G7 han impuesto un tope de 60 dólares por barril a las exportaciones de petróleo ruso y prohibido que compañías de transporte, aseguradoras y entidades financieras occidentales participen en operaciones que superen ese límite. Además, el Departamento del Tesoro incluyó a gigantes como Rosneft, Lukoil, Gazprom Neft y Surgutneftegaz en listas negras que dificultan su acceso a dólares y a servicios internacionales, sancionando asimismo a más de 180 buques y empresas de corretaje implicados en el traslado del crudo.

Esta ofensiva no surge de la nada. En 2022, pocos meses después de la invasión de Ucrania, Washington y Bruselas congelaron unos 300.000 millones de dólares en reservas internacionales del Banco Central ruso. El mensaje era claro: ningún país, por grande que sea, está a salvo de la capacidad de Estados Unidos para aislarlo del sistema financiero global. La combinación de restricciones al petróleo y congelamiento de activos ha supuesto que al menos 450.000 millones de dólares de capital ruso estén bloqueados en Occidente. Funcionarios estadounidenses han declarado que estas medidas se mantendrán hasta que el Kremlin muestre voluntad de cesar la guerra y entablar negociaciones de paz.

La ofensiva ha tenido efectos inmediatos. Los precios del petróleo subieron tras el anuncio de nuevas sanciones y muchas refinerías occidentales dejaron de comprar crudo ruso. Lukoil, uno de los mayores productores privados, ha tenido que vender activos en Europa del Este a precios reducidos. La presión financiera también ha golpeado a la red de estaciones Teboil en Finlandia, que se ha visto al borde de quedarse sin combustible. En Bulgaria, el Parlamento aprobó una ley para expropiar la refinería de Burgas, controlada por Lukoil, y asegurar el suministro nacional. Esta ola sancionatoria ha forzado a bancos y empresas europeas a desvincularse de operaciones con petroleras rusas antes de que finalice el año.

Rusia, no obstante, no ha dejado de exportar crudo. El Kremlin ha respondido construyendo una flota de buques cisterna de segundo nivel, opacos y sin los seguros tradicionales, conocida como “flota en la sombra”. Estos barcos, registrados a menudo en paraísos fiscales y con propietarios difíciles de rastrear, realizan transferencias de barco a barco en alta mar y usan puertos intermedios para ocultar el origen de los cargamentos. Según estimaciones independientes, entre 1.200 y 1.600 buques —cerca de una quinta parte de la flota mundial de petroleros— participan en este comercio oscuro. Esta ingeniería logística evita en muchos casos el límite de precio del G7 pero implica mayores costos de transporte y comisiones para intermediarios, lo que reduce el margen de beneficio del petróleo ruso.

La estrategia también ha obligado a Moscú a ofrecer descuentos adicionales para mantener la fidelidad de sus clientes asiáticos. China, India y Turquía concentran la mayor parte de las compras de crudo ruso. La estrecha relación energética entre Moscú y Pekín es especialmente notable: alrededor del 95 % del comercio bilateral se liquida en rublos y yuanes. Al mismo tiempo, para sortear la vigilancia de los bancos occidentales, algunos intermediarios han pedido a las refinerías indias que paguen sus compras en la moneda china en lugar de dólares o dirhams. El gigante Indian Oil ha efectuado pagos en yuanes por algunos cargamentos este año, mientras que otros compradores indios y turcos buscan fórmulas similares. Incluso Arabia Saudí ha vendido parte de su petróleo a China en yuanes, una señal de que la diversificación monetaria en el comercio energético ya no es una rareza.

La política de sanciones estadounidense también ha repercutido en el tipo de cambio. Las elevadas tasas de interés y los controles de capital han fortalecido al rublo desde finales de 2024, pero esa fortaleza tiene un coste: cuando los ingresos petroleros se convierten a la moneda rusa, el presupuesto del Estado recibe menos rublos por cada dólar o yuan. Según especialistas, Rusia prefiere un rublo débil para maximizar sus ingresos fiscales, por lo que las autoridades han intervenido en el mercado para atenuar su apreciación.

El uso intensivo del dólar como herramienta de castigo ha despertado temores sobre su propio futuro como moneda hegemónica. La congelación de reservas y las restricciones a las transacciones en dólares transmiten a muchos países la impresión de que los ahorros acumulados en esa divisa no están seguros si entran en conflicto con la política exterior de Washington. Como consecuencia, bancos centrales de todo el mundo han reducido la proporción de dólares en sus reservas a niveles inferiores al 47 % y han aumentado sus tenencias de oro y de yuanes. Encuestas recientes indican que más del 80 % de los gestores de reservas consideran el riesgo de “armamentización” del dólar como un motivo para diversificar hacia otras monedas.

En este contexto, el bloque BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con la incorporación de varios nuevos miembros— ha debatido intensamente la necesidad de una moneda común o al menos un sistema de pagos alternativo que evite el dólar. Sin embargo, en su cumbre de Río de Janeiro de 2025 no llegaron a concretar una divisa única. El grupo se limitó a promover el uso de monedas locales en el comercio mutuo. El propio presidente Vladímir Putin declaró en 2024 que el objetivo no era abandonar por completo el dólar ni crear una moneda común, sino ampliar las opciones para reducir la dependencia. La Unión Europea también explora sistemas de pago propios, y otros países sancionados recurren al trueque, al oro o a las criptomonedas para eludir la vigilancia de Estados Unidos.

Los analistas coinciden en que el mercado mundial carece actualmente de una alternativa viable al dólar. Aun con la multiplicación de acuerdos en yuanes, euros o rupias, más del 60 % de las reservas internacionales sigue siendo en dólares y la mayoría de las transacciones de materias primas se pagan en esa moneda. La infraestructura financiera estadounidense —desde el sistema de cámaras de compensación de la Reserva Federal hasta la red SWIFT— facilita transacciones seguras y transparentes que otras divisas no pueden igualar por ahora. Por eso, el mayor riesgo para la primacía del dólar no reside en un reemplazo inmediato, sino en un deterioro gradual de la confianza. Cuanto más se utilice el sistema financiero como arma, más incentivo tendrán otros gobiernos para construir estructuras paralelas.

Esta dinámica encierra una trampa paradójica para Washington. Las sanciones sobre el petróleo ruso han debilitado temporalmente la capacidad de Moscú para financiar la guerra y han enviado un mensaje claro sobre las consecuencias de violar normas internacionales. Pero el éxito de estas medidas descansa precisamente en la confianza global en el dólar y en la voluntad de otros países de respetar las reglas fijadas por Estados Unidos. Un uso excesivo puede erosionar esa confianza y fomentar la desdolarización del comercio internacional, algo que beneficiaría a los competidores estratégicos de Estados Unidos. El dilema para los responsables de la política exterior norteamericana consiste en calibrar la presión contra Rusia sin precipitar el declive del sistema que les confiere poder.