Incendios forestales de magnitud, la "nueva normalidad" de la Patagonia, según experto
Los incendios forestales como los que arden en la Patagonia argentina, con más de 60.000 hectáreas arrasadas, serán cada vez más voraces, frecuentes y complejos de extinguir por el impacto de olas de calor, la desertificación y el aumento de la población, ocasionando un cambio profundo del ecosistema.
Así lo explicó a la AFP el biólogo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Thomas Kitzberger, que desde hace cuatro décadas estudia la génesis e impacto de lo que define como "una nueva normalidad" a la que el ser humano debe adaptarse, como lo hace la naturaleza.
Bajo condiciones normales estos bosques son poco inflamables por altos contenidos de humedad. Pero estamos teniendo un cambio en eso e impacta en el régimen de fuego con superficies quemadas anuales que pasaron de miles de hectáreas a decenas de miles. Hemos multiplicado por diez el número de hectáreas quemadas en los últimos 20 años, por lo que ya estamos entrando en una nueva normalidad que es que todos los años se generan incendios en más de 10.000 hectáreas.
Lo atribuimos a una multicausalidad: estamos atravesando un período con mayor recurrencia de olas de calor con tendencia en los últimos 50 años a la desertificación y reducción de precipitaciones invernales que hacen que la vegetación llegue al verano con déficit hídrico, más propensa al fuego.
Los modelos climáticos indican que para finales de este siglo la Patagonia se va a calentar entre 2 y 4 grados, dependiendo de los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, y las precipitaciones disminuirán 20 %. Esos modelos ya se están confirmando, casi todos los años venimos rompiendo récords de temperatura. Para fines de este siglo la probabilidad de incendios se multiplicará entre cuatro y siete veces.
La disminución en la superficie de bosques y su reemplazo por matorrales. Hay una degradación ambiental muy importante además de cambios económicos y sociales, porque los servicios turísticos asociados al bosque tendrán pérdidas.
En los próximos años prácticamente la mitad del Parque Nacional Los Alerces (de unas 260.000 hectáreas en total) no será visitable por la degradación del paisaje, algo incompatible con las expectativas de la sociedad, que siempre consideró esta región como prístina.
Sí. Hay una conversión de bosques a matorrales, un ecosistema más inflamable, como una retroalimentación positiva. Además vemos pérdidas de bosques de altura, los de lengas (nativo) que por su humedad natural no propagan fuego, pero afectados por sequías estamos viendo en los últimos años que sí arden. La degradación es muy fuerte porque las condiciones climáticas no favorecen su regeneración.
Un ejemplar adulto de alerce (entre 500 y 1.000 años) resiste el fuego porque su corteza es muy dura, pero los juveniles se queman. Si aumenta la frecuencia de incendios, el alerzal se regenerará cada vez menos.
Los pinos fueron introducidos en los años 1960 para desarrollo forestal, pero terminó siendo una trampa para la vida del bosque (...) Van a terminar dominando el paisaje que será cada vez más inflamable.
Hay más tormentas eléctricas en la región con poca precipitación porque se producen en estación seca. Ello provoca alta probabilidad de incendios por la caída de rayos. Muchas veces en lugares de difícil acceso. La falta de ataque temprano hace que se tornen incontrolables y los combatientes se vean superados, como ahora, donde vemos que es muy poco lo que pueden hacer, solo mitigar, cuidar vidas humanas y casas. Están esperando la lluvia o poder desviar el fuego.
También el fuerte crecimiento de la población (en la zona de bosques) hace que los nuevos habitantes sean poco conscientes de riesgos, sin educación en prevención con poda para reducir biomasa.
Este año tenemos dos grandes incendios, uno natural y otro provocado, pero ambos se volvieron de gran magnitud, lo que habla que independientemente de la causa, tenemos un problema.
Se propagan en forma subterránea por las raíces. Son difíciles de combatir porque no se ven, son incendios latentes que cuando las condiciones atmosféricas lo permiten producen focos. La guardia de cenizas es cuando el fuego ya quemó las copas y puede tener actividad subterránea. Un proceso que puede durar meses, hasta el otoño cuando llegan las grandes lluvias.
La Patagonia está bajo una suerte de maleficio. Todos los indicadores, humanos y climáticos, preanuncian que estos fenómenos serán más grandes, más severos y más frecuentes.
T.Sasaki--JT