El pueblo neerlandés que puede desaparecer del mapa por la transición energética
Desde su fundación en el Medievo, el pequeño pueblo neerlandés de Moerdijk ha sobrevivido bombardeos e inundaciones. Un proyecto de energía eólica amenaza ahora con borrar del mapa esta villa costera de 1.150 habitantes.
La localidad, situada entre los gigantescos puertos de Róterdam y Amberes, es el lugar elegido por el gobierno neerlandés para construir una zona destinada a recibir la electricidad de los parques eólicos marinos.
El proyecto busca hacer más sostenible la industria portuaria del país, uno de los más densos de Europa, aunque a costa de este pueblo de casas bajitas de ladrillo.
En su pequeña escuela, en el club de fútbol local y en un bar, así como en muchas de sus casas, los vecinos colgaron pancartas con el mensaje "Moerdijk tiene que quedarse".
Los habitantes se mueven entre "la cólera, la incredulidad y la desconfianza hacia el gobierno", afirma Pim Meijer, que representa a un colectivo de 500 ciudadanos.
Se preguntan: "¿por qué ellos?, ¿por qué su pueblo?", dice Meijer a la AFP.
"Hay personas que han nacido y crecido aquí; algunas tienen hoy 90 años. Otros son vecinos de Moerdijk desde hace tres o cuatro generaciones", declara.
"Para ellos, es muy difícil dejarlo todo. Son recuerdos, tradiciones... Hay familiares que están enterrados en este cementerio, no se puede simplemente dejar todo eso atrás".
- Ubicación "perfecta" -
"La ubicación de Moerdijk es perfecta para alcanzar los objetivos de la transición energética", expone Patrick Witte, profesor asociado de ordenación del territorio.
"El pueblo se encuentra exactamente entre los puertos de Róterdam y Amberes", conectado por vía fluvial, una autopista y el tren, lo que permite concentrar instalaciones energéticas, portuarias e infraestructuras, explica a la AFP.
El proyecto de las autoridades, bautizado Powerport, consiste en acondicionar varios centenares de hectáreas destinadas a grandes infraestructuras energéticas, a la industria verde y a la química circular.
"Esta reordenación es necesaria para conectar la energía eólica marina y solucionar la saturación de la red eléctrica" en el país, indica la página web del puerto de Moerdijk.
Tras años de vacilaciones políticas a nivel nacional, el municipio se había resignado a ver desaparecer el pueblo y ya se preparaba para la siguiente etapa: las compensaciones económicas para los vecinos obligados a mudarse.
Pero hace pocos meses, el nuevo gobierno dejó entrever que quizá el proyecto podría ocupar menos espacio del previsto inicialmente, en el borde del pueblo, lo que permitiría conservar Moerdijk.
Desde entonces no hay decisión definitiva. El gobierno sigue estudiándolo y no ha dado un plazo para zanjar el asunto.
La incertidumbre hace mella en los habitantes.
Entre varias casas abandonadas del pueblo, un cartel clavado en un jardín celebra el nacimiento de un bebé.
"Algunos vecinos descuidan el mantenimiento de sus casas, porque, ¿para qué? Algunos comerciantes ya no invierten, parejas con niños pequeños se marchan antes de que desaparezca la escuela", suspira Meijer.
- "Rodeados" -
Moerdijk fue bombardeado en la Segunda Guerra Mundial y ha sufrido inundaciones. Pero lo que pasa ahora no tiene precedentes, opina Meijer.
La opción que estudia actualmente el gobierno permitiría conservar el pueblo. ¿Pero a qué precio?
"Con instalaciones de transición energética por un lado, el puerto por otro y la autopista por un tercero, los habitantes acabarían totalmente rodeados", subraya el profesor Witte.
El municipio quiere que el gobierno zanje la cuestión de una vez por todas.
"Si el pueblo se conserva, debe seguir siendo un lugar donde se viva bien", declara el alcalde, Aart-Jan Moerkerke, a la AFP.
"También necesitamos garantías de que no volverán a llamar a nuestra puerta dentro de quince años con el enésimo nuevo proyecto", continúa el político de 61 años.
"Los habitantes están hartos", insiste.
Bob Spaans, expropietario de una empresa de carpintería, vive en Moerdijk desde hace 50 años.
Su hijo y sus nietos también viven allí. Su esposa es oriunda del pueblo y tiene a familiares enterrados en el cementerio.
"Solo esperamos que el pueblo pueda conservarse, pero bueno, en mi opinión, al final van a destrozar Moerdijk", suelta el jubilado de 72 años.
"Tengo un amigo que vive solo. Vive justo al lado de otro amigo. Los viernes, después de beber su cerveza y aún un poco achispado, sale y dice: 'Jan, ¿quieres un café?'", cuenta.
"Eso es Moerdijk, y eso lo vamos a perder. No lo encontraremos en ningún otro lugar".
S.Ogawa--JT