The Japan Times - El silencioso duelo de los hijos de migrantes senegaleses desaparecidos en el mar

EUR -
AED 4.201449
AFN 75.506302
ALL 93.798237
AMD 417.59215
ANG 2.048106
AOA 1050.218578
ARS 1689.747935
AUD 1.640184
AWG 2.059251
AZN 1.94939
BAM 1.955763
BBD 2.301457
BDT 140.857352
BGN 1.964878
BHD 0.430892
BIF 3398.836106
BMD 1.144028
BND 1.475372
BOB 7.921063
BRL 5.845647
BSD 1.142679
BTN 109.960933
BWP 15.559707
BYN 3.306338
BYR 22422.958479
BZD 2.298057
CAD 1.604558
CDF 2585.50481
CHF 0.924345
CLF 0.026859
CLP 1057.100128
CNY 7.748791
CNH 7.754786
COP 3688.130668
CRC 518.590251
CUC 1.144028
CUP 30.316755
CVE 110.262927
CZK 24.219889
DJF 203.476175
DKK 7.477416
DOP 66.968741
DZD 152.093141
EGP 57.772914
ERN 17.160427
ETB 184.430333
FJD 2.565198
FKP 0.850906
GBP 0.85099
GEL 3.003121
GGP 0.850906
GHS 13.185752
GIP 0.850906
GMD 84.658515
GNF 10021.811603
GTQ 8.717836
GYD 239.055506
HKD 8.969531
HNL 30.601425
HRK 7.535835
HTG 149.347192
HUF 362.932043
IDR 20526.674049
ILS 3.475044
IMP 0.850906
INR 110.15336
IQD 1496.871861
IRR 1573039.179393
ISK 143.415853
JEP 0.850906
JMD 181.006597
JOD 0.811161
JPY 185.910396
KES 147.627225
KGS 100.045731
KHR 4619.913152
KMF 490.788624
KPW 1029.625722
KRW 1702.234755
KWD 0.353562
KYD 0.952182
KZT 540.049848
LAK 25783.515305
LBP 102324.576436
LKR 383.992781
LRD 206.816112
LSL 18.857046
LTL 3.378019
LVL 0.692012
LYD 7.294863
MAD 10.661
MDL 20.093622
MGA 4862.908584
MKD 61.633841
MMK 2401.667468
MNT 4104.262355
MOP 9.227727
MRU 45.546144
MUR 53.941376
MVR 17.687113
MWK 1981.362753
MXN 20.068592
MYR 4.685831
MZN 73.115293
NAD 18.857046
NGN 1578.633909
NIO 42.04921
NOK 11.036905
NPR 175.937693
NZD 1.956106
OMR 0.439442
PAB 1.142679
PEN 3.876027
PGK 5.106904
PHP 70.556857
PKR 317.714827
PLN 4.339358
PYG 6925.869803
QAR 4.176721
RON 5.231686
RSD 117.357794
RUB 89.558316
RWF 1682.56837
SAR 4.291419
SBD 9.233868
SCR 15.340312
SDG 686.993316
SEK 11.036104
SGD 1.477632
SHP 0.854133
SLE 27.885738
SLL 23989.713905
SOS 652.987725
SRD 43.028099
STD 23679.080038
STN 24.499539
SVC 9.997812
SYP 126.451869
SZL 18.842646
THB 38.4741
TJS 10.558102
TMT 4.01554
TND 3.374037
TOP 2.754546
TRY 53.932368
TTD 7.759854
TWD 37.081514
TZS 3016.643291
UAH 51.040641
UGX 4221.920634
USD 1.144028
UYU 45.929137
UZS 13723.742012
VES 829.237389
VND 30082.229245
VUV 136.096559
WST 3.137696
XAF 655.944669
XAG 0.02047
XAU 0.000285
XCD 3.091795
XCG 2.059361
XDR 0.815785
XOF 655.944669
XPF 119.331742
YER 272.969304
ZAR 18.336432
ZMK 10297.633379
ZMW 20.824609
ZWL 368.376708
El silencioso duelo de los hijos de migrantes senegaleses desaparecidos en el mar
El silencioso duelo de los hijos de migrantes senegaleses desaparecidos en el mar / Foto: PATRICK MEINHARDT - AFP

El silencioso duelo de los hijos de migrantes senegaleses desaparecidos en el mar

"Desde entonces me volví silencioso", murmura Fallou, de 12 años, cuando rememora la muerte de su madre al naufragar la piragua con la que intentó alcanzar territorio europeo desde Senegal.

Tamaño del texto:

Sokhna cuenta, por su lado, que vive atormentada por unos sueños en los que reaparece su padre desaparecido en el mar.

En Senegal los apodan "los que se quedan". Son los huérfanos que se enfrentan a una insoportable espera y al duelo imposible por los "ausentes presentes": sus padres fallecidos en el mar, o de los que no se tuvo más noticia tras desaparecer su embarcación.

El número de estos muertos y desaparecidos -y de sus hijos- asciende al menos "a miles" en Senegal en los últimos años, indica a la AFP Saliou Diouf, fundador de la asociación "Boza Fii", que lucha contra el olvido de las personas migrantes desaparecidas.

En la ciudad portuaria de Mbour sigue habiendo un tabú en torno a la decisión de partir tomada por sus padres.

También existe el miedo de las familias a hablar, ya que las autoridades vienen aplicando un enfoque represivo para impedir la salida de piraguas y detener a traficantes de personas.

"Lloré mucho (...) Luego me dije que es la voluntad divina", susurra Fallou con una dicción entrecortada, evocando la muerte de su madre.

En Tefees, barrio de pescadores de callejuelas arenosas y casitas precarias, Fallou y su hermano de nueve años están felices de reencontrarse, apoyados uno contra el otro en la habitación y única estancia habitable de su abuela, Ndeye Ndiaye.

Sus vidas cambiaron radicalmente cuando su madre, Awa, de unos treinta años, murió en Marruecos en 2024, tras el naufragio de una piragua.

Desde esta tragedia, "me volví silencioso", dice Fallou. El niño no habla de ello ni con su abuela ni con sus amigos, sólo con su padre durante sus visitas. "Él me cuenta que mi madre era una buena persona", relata.

Como ocurre a menudo en las familias donde la madre migrante desapareció, la familia se desintegra.

El padre volvió a vivir con su propia familia y los niños se quedaron con su abuela. Pero, acorralada por la pobreza, tuvo que separar a los hermanos, confiando al más pequeño a su padrino.

Awa no había informado a su madre de su proyecto, pero lamentaba con frecuencia verla "cansada" y quería "ayudarla más".

- "Reza por mí" -

"Simplemente me dijo que tenía que ir a Dakar", la capital, comenta Ndeye. Pero una noche Awa la llamó: "Mamá, tomé una piragua para llegar a Europa y quisiera que reces por mí".

Dos semanas de angustia después, una llamada les anunció su fallecimiento en un hospital de Marruecos.

"No me devolvieron su cuerpo y sigo atrapada en eso", murmura Ndeye, incapaz de contener las lágrimas. "Ver a niños, inocentes como ellos, obligados a vivir sin madre, te afecta en lo más profundo".

En 2024 al menos 10.457 migrantes murieron o desaparecieron en la "frontera occidental euroafricana" intentando llegar a España por la peligrosa ruta atlántica, según Caminando Fronteras, la cifra más alta registrada desde el inicio del recuento realizado por esta asociación en 2007.

Impulsados por la desesperación ante la falta de oportunidades en su país (desempleo, desaparición de los recursos pesqueros, etc.) y puesto que Europa restringe visados y controla drásticamente sus fronteras, los migrantes se ven obligados a recurrir a embarcaciones clandestinas, a menudo viejas y sobrecargadas.

"Generalmente las familias no obtienen suficiente información para hacer su duelo", subraya Saliou Diouf, de la asociación Boza Fii. "La aceptación de la desaparición se vuelve muy difícil".

A veces los niños se enteran brutalmente de la noticia en la calle o en casa de vecinos. Algunos se debaten entre una espera insoportable, la negativa a aceptar la muerte y la rabia.

Es el caso de Sokhna, de 11 años, con un rostro angelical ensombrecido por una mirada dolorosa. Su madre, Fatou Ngom, junto con su hermano y su hermana, sobreviven en Mbour en una habitación y un patio alquilado compartido por varias familias.

Su padre, Assane, está desaparecido desde que la piragua en la que viajaba se incendió frente a las costas en 2022.

A Fatou simplemente le dijeron que "formaba parte de las víctimas".

- Pobreza agravada -

La madre explica que, desde entonces, Sokhna tiene momentos de "ausencia", especialmente en clase, y retraso escolar.

"A veces tiene sueños y grita 'papá' varias veces" en la habitación donde vive toda la familia.

Aunque su relación parece cercana, Sokhna explica sin rodeos que su madre, todavía abrumada por el dolor y con muchas dificultades para hablar de la desaparición de su marido, "no la comprende" cuando quiere hablarle de su padre.

"Cuando sueño con él y tengo miedo porque realmente siento que me está hablando, al día siguiente voy a ver a mi abuela", confía. "Ella me cuenta cómo mi padre cortejaba a mi madre e historias sobre él".

"Siempre pienso en mi padre cuando veo el mar", susurra. Fue su abuela, al ver su tristeza, quien le aconsejó evitar pasar por la playa y por la fila de piraguas.

A diferencia de su hermana, que mantiene su dolor enterrado, Boubacar, de 14 años, tiene dificultades para contener la emoción al recordar aquel día de 2022.

"Mi familia vino a buscar a mi madre; estaba preparando café. Dijeron: 'Assane murió en la piragua'. Ella quedó en shock, se puso a llorar y nosotros también".

"Mi padre quería construirnos una casa. Antes de lograrlo, Dios se llevó su alma", lamenta.

"Pienso a menudo en él, sobre todo cuando mi madre no tiene dinero para los gastos diarios, porque era él quien nos ayudaba a vivir", solloza.

A los 14 años, el adolescente ya trabaja regularmente después de la escuela en un taller de carpintería metálica para ayudar a su madre.

Estos huérfanos deben intentar reconstruirse en familias rotas que caen en una precariedad aún más profunda (reducción del número de comidas, abandono escolar, endeudamiento...) Muchos crecen demasiado rápido, marcados por las responsabilidades.

Cerca de Boubacar, su hermana Coumba, de cinco años, descalza y con ropa gastada, se entretiene dibujando en una pizarra colgada en la pared del patio. La pequeña creció casi sin conocer a su padre.

"Es ella quien me hace llorar porque siempre me pide noticias de su padre", confiesa Fatou. "Le respondo que está de viaje".

"Puede volverse loca si se lo explicamos ahora", añade Boubacar.

- Romper el silencio -

Amy Dramé tampoco le dijo la verdad a sus hijos de diez, seis y tres años. Su marido -que había visto cómo todos sus compañeros pescadores, acorralados por la pobreza, intentaban la travesía- la llamó desde un barco el 10 de agosto de 2024.

"Me pidió noticias de los niños y que rezara por él; fue la última vez que escuché su voz", dice, conmocionada. Un mes después las autoridades les informaron que la piragua había naufragado en Cabo Verde, sin supervivientes.

Amy sigue diciéndoles a sus hijos que su padre está en una campaña de pesca. "Son niños", murmura. "Toman mi teléfono para ver videos de su padre; no lo van a olvidar".

Intentar romper este silencio es el objetivo de un programa pionero en Senegal de atención psicosocial, iniciado en 2024.

Unos cincuenta huérfanos reciben acompañamiento de la ONG católica Delegación Diocesana de Migraciones de Senegal (DDM), que comenzó este trabajo tras constatar el sufrimiento de las mujeres de los desaparecidos, debido al "duelo ambiguo" ligado a la incertidumbre sobre la muerte.

"Observamos que muchos de sus hijos también sufrían de manera diferente, más silenciosa, con mucha rabia", explica Jordi Balsells, director de la DDM.

La ONG realiza tres giras al año por otras regiones de Senegal y lleva a cabo acompañamientos a domicilio.

En el centro de Mbour, en un edificio bañado de luz, las madres trabajan en un taller de costura para obtener una fuente adicional de ingresos mientras los niños -todos huérfanos de padres migrantes- reciben terapia.

Varios se alborotan mientras esperan.

Babacar Ndiaye, de 12 años, abrumado por la emoción, no logra hablar sobre la desaparición en 2024 de su padre, comerciante de pescado, durante el vuelco de una piragua frente a las costas de Mbour.

"Debes saber que, si quieres hablar, estamos aquí", le dice suavemente Tesa Reimat Corbella, médica especializada en el duelo y encargada del acompañamiento psicosocial.

- Estigmatización -

A diferencia de él, su hermano de nueve años, Pape Balla, muestra una seguridad sorprendente. Habla sin soltar dos figuritas de cocodrilo y de llama.

"Mi padre no quería irse, ¡pero el hombre que organizó el viaje lo obligó!", exclama, una manera de afrontar ese abandono que no comprende. "Me duele que haya desaparecido; quería que se quedara con nosotros".

"Tengo amigos en el barrio que vivieron lo mismo, pero no hablamos de ello", añade Pape, que también comparte recuerdos junto a su padre. "A menudo me compraba balones y eso me hace falta".

Al igual que Babacar, Bambi Diop, de 10 años, apenas logra articular unas palabras: "No quiero hablar de mi padre", indica.

Con delicadeza, la psicoterapeuta Katy Faye la toma por los hombros e intenta calmar su ataque de llanto. "Cuando voy a la escuela pienso en él", termina diciendo, explicando que era su padre quien a menudo la llevaba al colegio.

La niña permanece en parte en la negación, afirmando que su padre vive en otra ciudad de Senegal y que está "bien". Palabras que sorprenden a su madre, que asegura que su hija "sabe" que su padre murió en un naufragio en 2024.

Para Tesa el principal desafío "es romper el silencio" que rodea la desaparición. "Hay que empezar a poner palabras a lo que ocurrió, poder hablar con los niños sobre el recuerdo de quién era su padre y trabajar con el progenitor que se quedó".

Ella se alegra de que la ONG consiguiera crear "un espacio seguro, donde pueden compartir con otros niños".

"El hecho de que acepten lo que ocurrió y que puedan hablar de ello sin miedo y sin vergüenza, es lo más importante", resalta. Pero reconoce que "todavía queda mucho trabajo ya que en la escuela o en la calle todavía existe estigmatización".

Mamadou Diop Thioune, actor de la sociedad civil y especialista desde hace 20 años en cuestiones migratorias, lamenta que el apoyo económico y psicosocial a estas familias no sea "tenido en cuenta en nuestras políticas públicas".

Señala la falta de información por parte de las autoridades, así como la carencia de herramientas y de personal capacitado, pese a que las "consecuencias sociales" para Senegal de estas desapariciones de exiliados "son dramáticas".

En el centro de la DDM, la suave luz del final del día apacigua el ambiente. Los niños, alineados sobre colchones en el suelo, miran fascinados la película de animación Kirikú y la bruja.

La sociedad senegalesa debe estar más "sensibilizada ante la situación de los desaparecidos y sus familias", insiste Tesa. "Es importante devolver la dignidad a los desaparecidos que partieron en busca de una vida mejor", subraya.

Y.Hara--JT