The Japan Times - Residir por un dólar al mes en una vivienda social alemana del siglo XVI

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Residir por un dólar al mes en una vivienda social alemana del siglo XVI
Residir por un dólar al mes en una vivienda social alemana del siglo XVI / Foto: Michaela STACHE - AFP

Residir por un dólar al mes en una vivienda social alemana del siglo XVI

Angelika Stibi sintió un enorme alivio al recibir las llaves de su nuevo hogar. A partir de ahora, esta jubilada alemana pagará mensualmente solo 88 céntimos de euro (aproximadamente un dólar) para vivir en el complejo de residencias sociales más antiguo del mundo.

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Nuevo techo, nueva vida y nueva comunidad. La sexagenaria forma parte desde hace pocos meses de los 150 habitantes de la "Fuggerei", una residencia en Augsburgo, donde el precio del alquiler no ha subido desde hace medio milenio.

Creadas en 1521 por el banquero Jacob Fugger en esta ciudad de Baviera, en el sur de Alemania, las viviendas sociales más antiguas del mundo, como se vanaglorian sus administradores, permanecen en servicio y gozan de gran demanda.

"Tuve una vida realmente formidable hasta los 55 años", explica Angelika, con dos hijos ya adultos.

Pero entonces le diagnosticaron cáncer y "todo fue de mal en peor", cuenta esta mujer nativa de Augsburgo.

Cuando se quedó sin recursos, presentó su candidatura para alojarse en este complejo compuesto de pequeñas casas adosadas.

Pero hay que armarse de paciencia para unirse a la Fuggerei. "Tarda generalmente entre dos y seis o siete años. Todo depende del apartamento que uno quiera. Estos en la planta baja están muy solicitados", explica la trabajadora social Doris Herzog.

Ella recibe los expedientes de los candidatos y gestiona las entrevistas con unos criterios muy precisos: "Hay que ser ciudadano de Augsburgo, ser católico e indigente".

En el apartamento de Martha Jesse, residente allí desde hace 17 años, abundan los símbolos religiosos. Pero fueron motivos financieros los que la condujeron a este complejo situado cerca del centro histórico de la ciudad de 300.000 habitantes.

"Percibía una pequeña pensión a pesar de 45 años de trabajo. Vivir afuera hubiera sido casi imposible, porque solo tendría 400 euros (458 dólares) a mi disposición", explica la mujer de 77 años.

Con sus hileras de casa de fachada ocre y contraventanas verdes, pulidos jardines, escudos y fuentes, el conjunto reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial parece un pueblo de muñecas.

- Oración cotidiana -

Para Andreas Tervooren, residente desde 2017, "la Fuggerei es como una ciudad dentro de la ciudad". Este vigilante nocturno compara la urbanización con "el pueblo de Astérix".

Igual que el poblado galo de los cómics resiste a los invasores romanos, el recinto resiste al incremento de los precios del alquiler que lastra muchos hogares de Alemania.

Augsburgo, de 300.000 habitantes, se sitúa a menos de una hora de Múnich, la ciudad con el metro cuadrado más cara de Alemania y también una de las más caras de Europa.

En el inicio de este proyecto, el comerciante Jacob Fugger (1459-1525) era uno de los hombres más ricos del continente y se había convertido en el "banquero de los emperadores" europeos.

Benefactor en su Augsburgo natal, creó varias fundaciones dedicadas a la vivienda o la salud para los más necesitados.

El alquiler anual en la Fuggerei era de un florín renano, que en la época equivalía al salario semanal de un artesano.

Un monto "que simplemente convertimos en 88 céntimos actuales" al mes, explica Daniel Hobohm, administrador de la fundación que gestiona este complejo.

Los descendientes de la dinastía Fugger participan en la orientación general de la fundación, pero no vierten dinero en ella.

"Nos financiamos principalmente gracias a los ingresos del bosque y de la silvicultura y tenemos también una pequeña actividad turística" porque el recinto cuenta con bastantes visitantes, explica Hobohm. A ello hay que añadir los ingresos de alquiler generados por otras propiedades.

Para respetar los deseos de sus fundadores, el alquiler no puede aumentar. Pero a cambio, también para mantener una tradición de 500 años, los habitantes deben recitar cada día una oración por los donantes y su familia.

K.Okada--JT